Pocos lo saben, pero de nuestras primeras experiencias amorosas es de donde aprendemos a amar a otros. Muchos creen que cuando uno es apenas un bebé, no sabe lo que pasa alrededor, mas están equivocados. Un bebé siente y se da cuenta de lo que está pasando siempre.
Entonces, ¿Cómo es que ahora me cuesta tanto empezar una relación sana? Empezaré recordando mi niñez; o más bien, recordando lo que me han contado. Nací cuando mi mamá era apenas una adolescente y mi papá se había convertido en un hombre de 26 años. Me contaron que él solía desaparecer por días sin justificación y que una vez llegó a irse por un mes aproximadamente (yo apenas tenía meses de nacida). Dos semanas después de que yo cumpliera un año, él decidió quitarse la vida… él fue quien me enseño la regla número uno: Rendirse es la solución más fácil.
Evidentemente mi mamá enfermó psicológicamente y no me pudo cuidar bien (por lo que pasé a manos de mis abuelos); el problema fue que yo ya sabía quien era mi mamá. Entonces cuando mi madre se recuperó, ella decidió seguir con sus estudios, y al año que mi padre falleció estableció una nueva relación; ella me enseño la regla número dos: No existe un solo amor, siempre hay más.
Los años pasaron y ella se casó con aquella pareja que mencioné previamente y bueno, tuvieron una hija que ahora es mi hermanita. Cuando mis abuelos se quisieron ir a Estados Unidos, ella me dejó ir con ellos; mi corazón sangraba de dolor, yo no lo podía entender… Habré tenido ocho años y fue ahí donde mi estabilidad emocional se rompió. Entonces empezó mi vida en un mundo que yo veía como materialista. Mi tío se casó con una señora que era americana. Él me enseñó la regla número tres: El matrimonio no es de verdad, no significa nada especial.
No recuerdo ningún momento en mi vida en el que haya soñado con mi “familia perfecta” o con tener hijos con un esposo que me ame; no crecí con esa absurda idea.
Llegué a mi adolescencia rodeada de “amigos” que lo único que buscaban era desfogar su deseo sexual con cualquier chica…supongo que vieron mi forma de ser tan débil, tan vulnerable. Ellos hacían conmigo mil cosas que yo no quería, yo tenía apenas 13 o 14 años mientras que ellos tenían más de 18. Yo pensé que eran mis amigos por mucho tiempo, hoy sé que eran hombres que abusaron de mí… ellos me enseñaron la regla número cuatro: El amor verdadero no existe, todo es una necesidad de satisfacer los deseos sexuales.
A los catorce años, establecí mi primera relación, pero lo hice por presión y no porque anhelaba estar con esa persona (pues era una mujer y yo no estaba segura si eso era lo que en verdad quería). La relación desde los primeros días fue llena de drama, ella con sus ex-parejas. Yo no sabía querer a alguien más, nunca nadie me enseñó y, lamentablemente, lo estaba aprendiendo d ella. De la primera persona que me sacó la vuelta mil veces y me hizo creer que eso era normal. Ella me enseño la regla número cinco: Está bien engañar a tu pareja.
Regresé a Perú porque mi mamá no toleró la idea de que yo esté con una chica. Aquí yo ya no sabía que quería pues para mí con la primera chica que estuve, encontré el amor. Empecé a frecuentar con gente que no tenía buenos hábitos, todos ellos mayores que yo… y sin querer a los quince años volví a caer en garras de esos hombres que solo buscaban satisfacer sus deseos sexuales. Nunca demostré que eso me hacía sentir mal, por el contrario…siempre di a entender que era exactamente lo que yo quise.
Empecé el colegio y veía las relaciones de mis amigas (por lo menos de mis dos mejores amigas) que también estaban llenas de drama. Una de ellas no respetaba lo que era una relación y estaba con uno y con otro e incluso estando con uno llego a besarme. Mi otra amiga, por el contrario, respetaba demasiado su relación; pero él la engañaba con otra. Por ellas aprendí la regla número seis: La fidelidad es para débiles.
En quinto de secundaria establecí mi segunda relación (otra vez con una mujer, pues esta vez si sabia cual era mi opción sexual). Yo la quise amar bien, desde el principio intenté, pero ella era muy conflictiva. Estaba llena de dolor y todo eso me lo transmitía, pues yo aun seguía en mi desequilibrio emocional. Ella llevaba cada emoción al extremo, es decir, estaba demasiado bien o demasiado mal… me engaño dos veces, me hizo doler mucho el corazón; fue ella quien hizo que yo llore de verdad por el amor de alguien que no era de mi familia. Así ella me enseño la regla número siete: Mientras más te entregas a una persona, más te termina lastimando.
Y fue así que después de diecisiete años en los que aprendí a no amar… te conocí. Llevo un año y cuatro meses a tu lado y me has enseñado que todas esas reglas que me habían enseñado están mal. Que solo existe una y esa es: Entrega tu corazón y da lo mejor de ti.
Te he lastimado muchas veces, pero con el tiempo aprendí a amarte cada día más. Sin embargo, he crecido viviendo aquella realidad mía y pensando que estaba bien; pues me acostumbré a ese dolor. Ahora quiero cambiar, por este amor que te tengo. Cambiaré por este amor que te tengo para que seas verdaderamente feliz, solo necesito de tu ayuda; sigue demostrándome que el amor si existe y que ese amor puede contra todo, ayúdame a cambiar amor… yo de verdad quiero hacerlo.
De pequeña nadie me enseñó a amar, me alegra haberte encontrado…Hoy te amo a ti.
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